jueves, 12 de septiembre de 2013

José Luis Menéndez


Es contador público y vive en Mendoza. Quizá en la creencia de que los números también tienen su música, escribe. Ha publicado Juego sin límites (poesía), con presentación por Joaquín Giannuzzi (Buenos Aires, 1989); Tierra firme (poesía), en Uno más Uno (Mendoza, 1991); Reunión con Poe (poesía), con dibujos de José Bermúdez (Mendoza, 1994); Cuerpo de mujer (poesía), con dibujos de Antonio Sarelli (Mendoza, 2007); Orfeo en la ciudad (ensayo) (Mendoza, 2012); y Defensa del diablo (poesía), con dibujos de Egar Murillo (Mendoza, 2012). Edita una página web sobre literatura y arte de Mendoza (www.alphalibros.com.ar) así como un sitio personal, www.orfeodigital.com.ar

* * *

El vientre

Acariciar su piel cuando respira
con demorada calma.
Bogar en ese lago
dispuesto entre los bordes
de una copa carnal
- ese refugio que se mide
con el roce de un pétalo
y cuatrocientos dedos 
bebiendo la penumbra-
es un camino que aprendieron los hombres
para guardar el infinito.

El amor lo mueve como si fuera un corazón
los besos lo contraen las lunas lo dilatan
y el oído de un rastreador antiguo
le siente latidos tan profundos
como si abajo de la piel
danzaran volcanes subterráneos.

Unos pocos minutos en la disolución del tiempo.
Son medidos con agujas perfectas
y también una boca que cae y se desangra
en la cuenca del espacio fugaz.
Sin embargo la boca se queda para siempre
rendida frente al sueño de un oráculo mudo
ya ni tibia ni fría sólo un hilo breve de humedad
en el ombligo de las estaciones.

Se parece a toda la felicidad posible.

(de Cuerpo de mujer, 2007)


Cantan
 
Esta gente canta, piensa el diablo
como si fuera un héroe mitológico
que ha llegado a la tierra
viniendo desde un mundo donde el bien
y el mal se desconocen.
Saben que se van a morir
y sin embargo cantan
construyen oboes y edificios
imaginan hechizos vuelos mágicos
estampas milagrosas
cuentos de hadas y de superhombres
y quitan la vista de las edades
y de los besos que se pudren.

Son ejércitos desamparados que caminan
hacia un único fin que es la derrota
y sin embargo cantan.

Arquean sus codos sobre el sufrimiento
discuten, pelean, se desangran,
se separan del ave y de la piedra
pero encuentran formas de volar
y levantan estatuas que presumen eternas.

Puestos como yo, piensa el demonio,
alineados frente a una derrota inevitable
los hombres aceptan
el único recurso que les deja consuelo.
Alejar sus miradas
de la noche final.

Los libros, los bailes, los paseos
y acaso los infinitos juegos del amor.
Todo se hace para el olvido.

(de Defensa del diablo, 2012)

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